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viernes, 18 de diciembre de 2020

La sociedad tuittera y la pérdida del espíritu libertario

Libertad. Una de las palabras más poderosas jamás creadas. Su significante es un valor democrático innegable que alcanza mayor trascendencia también desde su oposición: la sumisión. En la historia humana, la libertad de expresión ha sido uno de los derechos individuales y colectivos más ultrajados a raíz de las distintas luchas por el ejercicio del poder. Y el poder en la comunicación habita en la palabra. Desde la oralidad hasta la virtualidad, la palabra es objeto de conquistas –violentas o pacíficas- precisamente porque su función permite comprender –y dominar- la cultura de la sociedad.  

En estos tiempos, Twitter se ha impuesto como una de esas vías de conquista donde el poder y la palabra supieron edificar un espacio de intercambio cultural dominante a partir de un instrumento tecnológico. A pesar de su cuestionable autopromoción libertaria, esta red social logró ubicarse en la comunidad universal como uno de los mecanismos discursivos más influyentes. La prédica cotidiana pasa por Twitter: los principales temas de dominio público se dirimen allí y “reflejan el estado anímico de la sociedad”(1). Aferrándonos a este concepto de Jose Van Dijck(2) nos preguntamos: ¿de qué sociedad hablamos y quiénes la integran?

Previo a introducirnos en la organización social de Twitter deberíamos reconocer al discurso público en cuestión, esto es, el elemento locuaz de la plataforma de los 280 caracteres. 

Desde el origen de las civilizaciones, el discurso público atravesó diversos territorios expresivos conforme al lenguaje comunicacional imperante, al medio dominante y al ordenamiento político-social de cada época: pasamos de la aldea a los foros y plazas como sitios del debate de las ideas; asistimos a entidades religiosas y feudos medievales para discernir el mandato político; nos resguardamos en las ciudades modernas para afianzar la disertación institucional; desarrollamos un clímax mediático en la era de los mass media; y habitamos -hoy en día- en zonas de acción virtuales que han afectado las prácticas sociales, recientemente aceleradas durante la reciente pandemia, producto del aislamiento social promocionado y forzado por los gobiernos del mundo. En palabras de Gilles Deleuze: “hemos pasado de un animal a otro, del topo a la serpiente; tanto el régimen en el que vivimos como […] en nuestras relaciones con los demás”. 

Twitter fue acaparando la disertación popular a raíz de una “doble dimensión de relaciones sociales”(3): la estructural, relativa al formato técnico-arquitectónico y al posicionamiento de sus agentes, y la vincular, concerniente a la interacción o hábitos de los usuarios. De esa reciprocidad se concibieron los temas de dominio público que se apuntaron en la sección tendencias. Así, las preferencias se adueñaron del terreno, instalando discursos exteriorizados por los millones de hilos de perorata tuittera y redistribuyendo circuitos informacionales hacia otros medios. En poco tiempo, el tabloide del siglo XXI se transformó en una referencia mediática global trascendental, lo que motivó al magnate Elon Musk a pulsar por su adquisición. 

Habiendo definido el discurso público, ahora sí descubriremos la estructura social de Twitter. Para ello, requerimos identificar la existencia de una sociedad de la información(4), es decir, aquella que navega en las redes y está constituida por agentes múltiples con niveles socioeconómicos y culturales predeterminados; el hábitus(5) según Pierre Bourdieu. En estos entornos, las relaciones sociales, las manifestaciones culturales y la productividad se dirimen en un campus delimitado “por la estructura de la distribución del capital”(6), donde los agentes pondrán en juego sus intereses, apelando a esa riqueza tácita que está formalizada en cifras(7). 

Cifras. Datos. Guarismos. Elementos producidos por la intercomunicación y por la creación de contenidos que fueron arrastrando a la plataforma al cambio de escala inevitable, abandonando su halo libertario inicial para introducirse en el denominado “modelo informacional de producción”(8). ¿De qué se trata?  Voy a necesitar del "Marx científico" para explicarlo mejor, aunque para muchos sea una cita irascible...

En el ámbito de la producción liberalista, los datos y la información “constituyen tanto la materia prima como el producto terminado”(9). Pero lo más llamativo –y preocupante- es que el internauta ofrece su fuerza de trabajo(10) sin obtener algo a cambio y, para colmo, los datos fabricados pertenecen únicamente a Twitter; el gran capitalista de los datos. Esta mutación en el paradigma relacional y productivo, establecido sobre la base de vínculos irreales o implícitos, configuró en Twitter una organización social que está representada –básicamente- en dos clases: los burgue-influencers(11) –actores preferenciales y socios mercantiles de la plataforma- y el proletariado esclavizado de la interacción(12) o –en definitiva- la gran masa de trabajadores gratuitos del ciberespacio. 

En primer lugar, los burge-influencers ocupan un sector minoritario en la cúpula de la pirámide y están motivados por intereses variados y sincrónicos: a) los comerciales, pertenecientes a los negocios del campo virtual y a las publicidades de las empresas, y b) los imperativos, evidenciados en el ejercicio de la autoridad que ostentan sobre su capital social, apreciado en el número de seguidores, y cuyos recursos representan “una red durable de relaciones”(13). El burgue-influencer precisa trascender a través de su patrimonio social para empoderarse a partir de un entramado de relaciones cuantitativas y obtener así resultados de igual signo. Sin embargo, entre sus retribuciones, vive esa idea de superioridad alimentada por Twitter para tratar de imponer un determinado discurso. 

En tanto, debajo de aquella cúpula de personalidades populares y celebridades corporativas emerge la plebe; una gran masa de operadores hiper-conectados que participan de los temas del momento, replicando interacciones hasta la eternidad y fabricando datos a cambio de nada. Este proletariado esclavizado de la interacción está subordinado a un entorno que solo lo reconoce como un algoritmo: un dígito oculto en el anonimato de la inmensidad de la red. Esto se debe –en parte- a la ausencia de territorialidad física: una nueva especie de expropiación, donde “el régimen capitalista informacional”(14) explota la mano de obra que la clase sometida le ofrece y que será la que termine consumiendo el producto que él mismo fabricó gratuitamente. 

Esa supuesta "gratuidad" de navegación, interacción y fabricación de datos es la que mantiene "ocupados" a los productores, hipnotizándolos y haciéndoles creer que ese espacio informacional es totalmente libre. Por ello, en las relaciones entre los burgue-influencers y el proletariado esclavizado de la interacción se evidencian contradicciones. Por un lado, existe una especie de pacto social de no agresión para extraer el valor y generar superproducción(15) con el almacenamiento de datos e información. Esto es invisible para el esclavo que surfea(16) en la red destinando su tiempo a la producción. Pero nada es casual: además de “mantener la ilusión que el capitalismo promueve la libertad y no la coerción”(17), el tratado beneficia la estrategia acumulativa, imponiendo un régimen de doble efecto. Es decir, intensivo hacia la dominación y extensivo con el fin de “aumentar el tamaño de la población”(18). En el caso de Twitter, para elevar la cantidad de seguidores. Es aquí donde las luchas de clase se manifiestan mediante las relaciones de fuerza y de dominación, teniendo en cuenta que persiguen distintos intereses, ya sea en la búsqueda de información, en la monetización y en la (auto) promoción o en la instalación del discurso. 

Teniendo en cuenta que el caudal social se define por su función, deberíamos empezar a reflexionar que el mismo está atravesando un proceso crítico de desdoblamiento, donde una parte aún se mantiene dentro del orden físico real, mientras otra migra hacia el campo virtual. Esto implica que la vida asociativa estaría reconfigurándose por las prácticas mediatizadas, confinando a los actores sociales a un panoptismo(19) de redes. 

Los diversos debates y las réplicas personalizadas forman un canal de opiniones plurales que hacen creer que predomina cierta independencia. No obstante, el supuesto carácter democrático del discurso público está encerrado en un laberinto del que ya no podrá escapar porque su crecimiento lo fue acercando al capitalismo de concentración(20). Un sistema de control cada vez más alejado de la libertad de expresión, donde la materia prima del mundo social –el lenguaje- corre cierto peligro. 

En el caso de Twitter, su funcionamiento informacional lo catapultó hasta convertirse en un “termómetro social”(21) y los científicos(22) se atreven a recurrir a este espacio social para experimentar aquellos comportamientos. Así, el análisis comprensivista(23) de las interacciones sociales permite distinguir la reciprocidad que hay entre lo que dice la herramienta y la relevancia que los usuarios le confieren a las tendencias; pero esa correspondencia es incapaz de reconocer qué influyó primero: si los usuarios a la plataforma o el medio al público.

 SF

Referencias



[1] Jose Van Dijck (2016).

[2] La revista Opzij en 2016 nombró a van Dijck como la mujer holandesa más influyente.

[3] Alicia Gutiérrez (2005).

[4] Concepto de Javier Echeverría en “Democracia y sociedad de la información en Espacios del saber”. 2002. Ed. Paidós, Argentina.

[5] Término de Pierre Bourdieu citado en “Las prácticas sociales: Una introducción a Pierre Bourdieu”. 2005.

[6] Término de Pierre Bourdieu citado en “Las prácticas sociales: Una introducción a Pierre Bourdieu”. 2005.

[7] Expresión de Gilles Deleuze en “Post-scriptum sobre las sociedades de control”, 2006.

[8] Manuel Castells (1995).

[9] Manuel Castells (1995).

[10] Concepto de Karl Marx en “El capital. Crítica de la economía política. Cap. I: La Mercancía”, 1977.

[11] Redefinición adaptada por el autor, a partir de la teoría de clases de Karl Marx en “El capital. Crítica de la economía política. Cap. XXIV: La acumulación originaria”, 1977.

[12] Redefinición adaptada por el autor, desde los conceptos de la acumulación del trabajo de Silvia Federici en “Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria”, 2004.

[13] Término de Pierre Bourdieu citado en “Las prácticas sociales: Una introducción a Pierre Bourdieu”. 2005.

[14] Manuel Castells (1995).

[15] Especificación de Gilles Deleuze en “Post-scriptum sobre las sociedades de control”, 2006.

[16] Término de Gilles Deleuze en “Post-scriptum sobre las sociedades de control”, 2006.

[17] Silvia Federici (2004).

[18] Silvia Federici (2004).

[19] Concepto de Michael Foucault.

[20] Expresión de Gilles Deleuze en “Post-scriptum sobre las sociedades de control”, 2006.

[21] Jose Van Dijck (2016).

[22] Datos tomados de ElDiario.es (Analía Plaza, 05/11/2014) https://bit.ly/3285XBX

[23] Max Weber consideraba  al método comprensivo como instrumento válido para el estudio de los hechos sociales en “Economía y sociedad. Esbozo de sociología comprensiva”, 1964.


Bibliografía

 -Castells, Manuel (1995). La ciudad informacional: tecnologías de la información, reestructuración económica y el proceso urbano-regional. Alianza Editorial, España.

-Deleuze, Gilles (2006). Post-scriptum sobre las sociedades de control. Polis (v.5, n.13): Revista Latinoamericana, Chile.

-Federici, Silvia (2004). Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Traficantes de sueños editores, España.

-Gutiérrez, Alicia B. (2005). Las prácticas sociales: Una introducción a Pierre Bourdieu. Ferreyra Editor, Argentina.

-Marx, Karl (1977). El capital. Crítica de la economía política. Capítulos I y XXIV. Akal, España.

-van Dijck, José (2016). La cultura de la conectividad: una historia crítica de las redes sociales. Siglo XXI Editores, Argentina.

-Weber, Max (1964). Economía y sociedad. Esbozo de sociología comprensiva, trad. J. Medina Echavarría, ed. J. Winckelmann. FCE, México.

 

viernes, 22 de noviembre de 2019

Internet: una herramienta capitalista con prácticas comunistas

Imagen: Martin Armstrong
El siglo XXI germinó de la mano de un paradigma universal: los medios de comunicación ya no pertenecen al clásico mundo del broadcasting[1] y los espacios virtuales globalizados –como Internet- irrumpieron desparramando una concepción “democratizadora” de la información. 

Hace 185 años, cuando los "mass media" ni siquiera figuraban en el mapa, Alexis de Tocqueville describía para la Europa post monárquica -en La Democracia en América- cómo el sistema político norteamericano estaba “cubierto de una apariencia democrática, bajo la cual se ven de cuando en cuando asomar los antiguos colores aristocráticos”.

Algo similar podría plantearse sobre la injerencia de los nuevos medios en la sociedad actual y su presunta "virtud republicana" ya que, bajo un manto liberal, el ciberespacio[2] evade el territorio democrático. En realidad, en la red informática convergen varios fundamentos ideológicos: políticos, productivos, sociológicos y comunicacionales, pero también conviven otros conceptos antagónicos donde Adam Smith y Karl Marx podrían fundirse en un apretón de manos insospechado...

Un nuevo entorno social

Las nuevas herramientas de la información y la comunicación transforman nuestras conductas. La Red ha crecido de tal manera que los cambios en el comportamiento humano son un fenómeno sociocultural. Estos avances tecnológicos -y aquellas interrelaciones- posibilitaron la creación de una sociedad de la información[3]. Al definir a la sociedad de la información primero debemos conocer quienes la componen y para ello es necesario delinear una premisa trascendental: todos sus integrantes requieren de la capacidad de conexión a las redes telemáticas mediante cualquier dispositivo. En consecuencia, quienes no posean esa disposición estarán fuera de dicha sociedad y, según la antropóloga Paula Sibilia, “al menos cinco mil millones de terráqueos carecen del acceso a la Web”[4]. Esto nos lleva al primer conflicto democrático.

Los nuevos bárbaros[5] de la sociedad de la información –los excluidos del sistema- solo serán reconocidos en la misma una vez que logren acceder a las plataformas que los conecten al ciberespacio. Sibilia nos amplía el panorama advirtiendo que “a contrapelo de los festejos por la democratización de los medios, los números sugieren que las brechas entre las regiones más ricas y más pobres del mundo no están disminuyendo”[6]. En definitiva, los marginales informáticos suman cerca de dos tercios de la población mundial y “están condenados a la indivisibilidad total”[7]. De esta forma, se vulnera uno de los valores elementales del modelo: la igualdad.

Ahora bien; si cerramos el espectro, es decir, cuando identificamos únicamente a los actores que interactúan en la sociedad de la información, contemplaremos que la cibercultura[8] -como producto avanzado del capitalismo moderno- posee herramientas que acentúan el consumismo, reconfigurando las antiguas relaciones sociales descritas por Marx: hay una nueva burguesía propietaria de los medios en red y una creciente masa de ciberusuarios. Ambas clases ratifican las contradicciones expuestas por el autor de El Capital.

El esquema de clases de la sociedad de la información se podría representar con forma de cruz, donde los vectores opuestos se superponen: de un lado, y adaptando la teoría de Michel de Certeau sobre la problemática del poder[9], existe una clara transversalidad en los vínculos sociales que despliegan los cibernautas; del otro, y por encima de ellos, desciende una línea verticalista de dominación ejercida desde la nueva burguesía -los llamados “señores del aire”[10] o, para ser más explícitos, los propietarios de las corporaciones de tecnología alojadas en Silicon Valley- quienes imponen ese poderío arbitrariamente.

Por lo tanto, la actividad transversal de los consumidores se genera mediante el uso de la tecnología porque con ella “atraviesa todos los sectores de la pirámide social de distribución”[11], actuando masivamente y rompiendo cualquier límite territorial. La Web y las redes son el espacio público de hoy, donde prácticamente se dirime todo: desde la gestación de lazos comunitarios hasta las relaciones comerciales más importantes. Así pues, el ciberespacio no solo es un medio de comunicación innovador, sino que se ha transformado en un recurso de producción, tanto virtual como real[12].

Hace más de 40 años, el filósofo y estudioso de los medios de comunicación Marshall McLuhan descifraba que las tecnologías que nos rodean, además de modificar nuestras conductas, cambian la “forma de ver el mundo”[13]. Al respecto, Marx y Engels señalaban algo similar trece décadas antes que el canadiense: “merced al rápido perfeccionamiento de los instrumentos de producción y al constante progreso de los medios de comunicación, la burguesía arrastra a la corriente de la civilización a todas las naciones (…) En una palabra: se forja un mundo a su imagen y semejanza”[14].

Los dueños de la Web y las redes telemáticas -al igual que la clase dominante apuntada por Marx- “necesita establecerse en todas partes, crear vínculos en todas partes. Mediante la explotación del mercado mundial”[15]. Precisamente, la actividad conducida por los señores del aire persigue “las líneas establecidas por los discursos dominantes (…) y tienden a representar sus propios intereses”[16]. Cuando el sociólogo alemán apuntaba que la clase que tiene a su disposición los medios de producción material controla a la vez los medios de producción mental, estaba explicando cómo se sostiene la dominación ideológica, cultural e intelectual en las sociedades capitalistas modernas. Este concepto recobra notable vigencia en la sociedad de la información. 

En la misma línea de pensamiento, el italiano Antonio Gramsci aporta un enfoque más claro con la noción de hegemonía porque refiere una situación donde la unidad dominante, es decir, “una sola de ellas (…) tiende a prevalecer (…) en toda el área social sobre una serie de grupos subordinados”[17] de manera tal que el poder ejercido parezca legítimo y natural. Consecuentemente, e invirtiendo el concepto del dramaturgo alemán Bertolt Brecht[18], los usuarios de la sociedad de la información comparten un mismo sistema de comunicación porque justamente allí se encuentran todas las clases.

El poder en la SDI

Visiblemente, el nuevo espacio ciber-social está generando “fuertes alteraciones en las estructuras de poder y en la distribución de la riqueza”[19]. Sabido es que en la sociedad de la información convergen dos fuerzas: los señores del aire o propietarios y los usuarios-consumidores. Para De Certeau cada uno de estos sectores “recurre a las nociones de estrategia y táctica para caracterizar las acciones de los sujetos. La estrategia, vinculada a los productores (…) posibilita las relaciones de dominio sobre una exterioridad distinta (…) En cambio, la táctica de los consumidores está determinada por la ausencia de un lugar propio (…) y no posee autonomía”[20].

Aunque la descripción de De Certeau se ajusta a la ciber-sociedad, no logra identificar que el orden o las relaciones de poder tengan la posibilidad de subvertirse. Y es justamente la concordancia ideológica que aquí se plantea la que podría permitir que las herramientas tecnológicas de hoy -conectadas mediante redes globales- reviertan algunas estructuras de mando preestablecidas. Varios ejemplos recientes expusieron que los sistemas de poder hegemónico entraron en una fase de desigualdad integral y que podríamos calificar como deficientes. Los reclamos más resonantes popularizados desde el ciberespacio fueron la Primavera Árabe (2010-2013), las actividades de los Chalecos Amarillos en Francia y el Reino Unido (2018), las protestas sociales en Norteamérica y las revueltas populares en Sudamérica.

Para Sibilia “estamos transformando la era de la información (…), modificando las artes, la política, y el comercio, e incluso la manera en que se percibe el mundo”, tal como coincidían McLuhan y Marx. Quizá, la naciente generación de jóvenes proletarios informatizados esté asumiendo un rol decisivo en aquellos posibles cambios, gracias a las prácticas cotidianas que hoy realizan en Internet y el mundo de las redes. “A ellos también les incumbiría la importante tarea de ‘inventar nuevas armas’, capaces de oponer resistencia a los nuevos y cada vez más astutos dispositivos de poder”[21].

Al respecto -y contradiciendo a De Certeau- las prácticas de los usuarios en la sociedad de la información se desarrollan silenciosa, pero revolucionariamente. Los ejemplos citados anteriormente -donde las revueltas se originaron con mensajes de texto y con la distribución de contenidos mediante redes sociales como Facebook, Twitter e Instagram- indican que las actividades virtuales reproducidas adentro de la Web terminan implosionando con respuestas afuera de ella, es decir, en el espacio público real.   

En referencia a estas operaciones de entrada, interacción y salida por la Red y que luego exteriorizan distintas participaciones en el entorno físico y cívico de la sociedad, Manuel Castells considera que las “organizaciones militantes, así como miles de activistas particulares, se movilizan en campañas concretas, se conectan entre sí a través de Internet para debatir, organizar, actuar y compartir, [atravesando fronteras] y llegando a lo local desde lo global (…), sin someterse a ninguna de las formas de burocracia de surgen de los mecanismos de delegación del poder”[22].

¿Un entorno democrático?

Aunque el ciberespacio está determinado por la conectividad -donde la información y el conocimiento se propagan libremente-, la democratización de la difusión en la sociedad de la información carece de los principios políticos vislumbrados en los estados avanzados. Para el escritor Javier Echeverría, las insuficiencias abracan: “la primacía del poder civil, la división de poderes y la territorialidad”[23].

El autor español denomina al espacio social informatizado como “tercer entorno o E3” y que “difiere profundamente de los entornos naturales -E1- y urbanos -E2-”[24]. Según Echeverría, en este tercer ambiente no existen las autoridades republicanas –mandos ejecutivos, legislativos y judiciales-; tampoco hay poder civil constituido –no se vota-, y mucho menos se ejerce la territorialidad de los estados-nación bajo la protección de la ley. Además, los navegadores carecen de las identidades que se evidencian en los entornos 1 y 2, ya que en la sociedad de la información es posible crear varias direcciones de correos electrónicos, diversos nombres y apodos de usuarios para loguearse en las plataformas y redes y un sinfín de contraseñas de acceso, donde no siempre se asimilan sus denominaciones reales. Menos aún poseen ciudadanía, no son "naturales" de ningún pueblo, ni tienen residencia alguna. Así, los usuarios tampoco ostentan el reconocimiento de derechos y obligaciones[25]. Por lo tanto, y coincidiendo con los demás autores en las definiciones previas, solo prevalece la supremacía económica[26].

Es decir que la sociedad de la información, como cualquier otra conformación colectiva “se produce (y reproduce) a sí misma mediante el proceso de trabajo (…), un ámbito donde se producen bienes materiales, relaciones sociales e ideología. Es el lugar donde se crea el poder en cada sociedad, así como también la resistencia a ese poder y los medios para superarlo”[27].

Las recientes tecnologías del ciberespacio son herramientas evolutivas del capitalismo contemporáneo, instruidas en la sociedad de los consumidores para “mantener el sistema de dominación conocido como orden social”[28]. Mediante las interacciones virtuales, los usuarios están reproduciendo actividades que se desplazan hacia todos los ámbitos, pero sobre todo económicos. Sin embargo, esas armas mercantilistas son -paradójicamente- impuestas de manera autoritaria y bajo una neblina democrática, aunque están posibilitando la consolidación de otros lazos colectivos que, gracias a la transversalidad de acciones de los cibernautas apátridas y desjerarquizados, generan nuevas tácticas sociales conjeturadas antiguamente en las bases comunistas...
SF



Citas y Referencias:

[1] Definición utilizada para los servicios de radio y televisión de usos masivos.  
[2] Definición de Williams Gibson en Neuromancer (1984, Ace Books).
[3] Definición de Javier Echeverría en Democracia y sociedad de la información en Espacios del saber (p. 65).
[4] Sibilia, P. (La intimidad como espectáculo, p. 28).
[5] Los antiguos griegos empleaban el término para referirse a los extranjeros. En este sentido, mujeres, esclavos y extranjeros no alcanzaban el status de ciudadano (Felipe Derqui, 2018, nota al pie de pág. 7).
[6] Sibilia, P. (La intimidad como espectáculo, p. 29).
[7] Sibilia, P. (La intimidad como espectáculo, p. 31).
[8] Cultura que emerge del uso del ordenador y las nuevas tecnologías de la información, para la comunicación, el entretenimiento y el mercadeo electrónico (André Lemos en Cultura de la movilidad).
[9] Concepto de Michel de Certeau en La Invención de lo Cotidiano.
[10] Empresas transnacionales que construyen, mantienen y explotan las infraestructuras tecnológicas que permiten el funcionamiento de la sociedad de la información (Echeverría, 2002, p. 65).
[11] Quevedo, L. A.  (Portabilidad y cuerpo, p. 12).
[12] Concepto adaptado de Paula Sibilia en La intimidad como espectáculo.
[13] En Understanding Media (Comprender los Medios de Comunicación).
[14] K. Marx y F. Engels (Manifiesto del Partido Comunista, p. 35-36).
[15] K. Marx y F. Engels (Manifiesto del Partido Comunista, p. 35).
[16] Hebdige, D. (De la cultura a la hegemonía/Subcultura: el significado (...), p. 30-31).
[17] Gramsci, A. (La política y el estado moderno, p. 113).
[18] La cita de Brecht dice: “La sociedad no podrá compartir un sistema de comunicación común mientras siga dividida en clases enfrentadas” (Hebdige, 2004, p. 31).
[19] Echeverría, J. (Democracia y sociedad de la información/Espacios del saber, p. 66).
[20] Derqui, F. (Una revisión crítica del concepto de poder, p. 8).
[21] Sibilia, P. (La intimidad como espectáculo, p. 13).
[22] Castells, M. (Comunicación y poder, p. 447, 451).
[23] Echeverría, J. (Democracia y sociedad de la información/Espacios del saber, p. 66-67).
[24] Echeverría, J. (Democracia y sociedad de la información/Espacios del saber, p. 70-71).
[25] Echeverría, J. (Democracia y sociedad de la información/Espacios del saber, p. 71-72).
[26] Echeverría, J. (Democracia y sociedad de la información/Espacios del saber, p. 75).
[27] Mayo, A. (La Ideología del conocimiento, p. 13-14).
[28] Bauman, Z. (Vida de consumo, p. 105).

Bibliografía utilizada:

-Bauman, Z. (2007). Vida de consumo. Fondo de Cultura Económica. Bs. As.
-Castells, M. (2012). Comunicación y poder. Siglo XXI Editores. México.
-De Certeau, M. (1996). Artes de hacer en La invención de lo cotidiano. Universidad Iberoamericana. México.
-Derqui, F. (2018). Platón y Aristóteles, dos respuestas a la crisis de la polis. Apuntes de Cátedra. Bs. As.
-Derqui, F. (2019). Una revisión crítica del concepto de poder. 1° Congreso Latinoamericano de Cs. Sociales de la UNVM, Va. María. Córdoba.
-Echeverría, J. (2002). Democracia y sociedad de la información en Espacios del saber. Paidós. Bs. As.
-Gramsci, A. (1993). La política y el estado moderno. Planeta. Bs. As.
-Hebdige, D. (2004). De la cultura a la hegemonía en Subcultura: el significado del estilo. Paidós. Barcelona.
-Lemos, A. (2010). Cultura de la movilidad en Nomadismos Tecnológicos. Dispositivos móviles. Usos masivos y prácticas artísticas. Ariel. Bs. As. 
-Marx, K. y Engels, F. (2011). Manifiesto del Partido Comunista. Centro de Estudios Socialistas. México.
-Mayo, A. (2005). La Ideología del conocimiento. Jorge Baudino Editores. Bs. As.
-McLuhan, M. (1996). Comprender los Medios de Comunicación. Paidós. Bs. As.
-Quevedo, L. (2007). Portabilidad y Cuerpo. FLACSO. Bs. As.
-Sibilia, P. (2008). La intimidad como espectáculo. Fondo de Cultura Económica. Bs. As.
-Tocqueville, A de. (1995). La Democracia en América. Alianza. Madrid.  


-Nota del Autor: esta publicación fue elaborada como trabajo de evaluación final para la Cátedra de Ciencias Políticas de la UNSAM del profesor Felipe Derqui (2019) y también contiene textos de otras materias, como Ecología de los Medios y Estudio del Mercado y las Audiencias.